domingo, 17 de febrero de 2008

Domínguez Michael: señor componetodo

Llega a nuestro e-mail esta carta dirigida a Consuelo Sáizar, muy mal escrita debido a la elevada tirantez arterial de Samperio, pero por eso mismo enteramente disfrutable...

* * *

México, DF, a 16 de enero de 2008

Lic. Consuelo Sáizar

Directora del Fondo de Cultura Económica
P r e s e n t e

Estimada Lic. Consuelo Sáizar:

Después de haber revisado el Diccionario crítico de la literatura mexicana (1995-2005) de Christopher Domínguez Michael y de haber leído el artículo del poeta Víctor Manuel Mendiola (“Confabulario”, suplemento de cultura de El Universal del sábado 12 de enero de 2008), me parece que Mendiola tiene plena razón en su artículo y que Domínguez le ha metido un tremendo gol al Fondo de Cultura Económica que usted dirige. El supuesto diccionario (y supuestamente crítico) confirma que seguimos hundiéndonos cada vez más en el tercer mundo; quiero decir que un libro inconsistente de estas características nunca aparecería en las altas instituciones editoriales de Inglaterra, Austria o Alemania, y si así sucediera es muy posible que el autor fuera ingresado a la cárcel, expulsado del país o, simplemente, tomado por loco, internado a algún nosocomio para enfermos de la mente. No es posible que le dedique diez páginas al ingeniero Enrique Krauze y dos páginas al inmortal poeta Luis Cernuda que tanto dio a México con el agradecido arribo a nuestro país de los exiliados españoles; es una ingratitud y ofensa tal exilio.

Evaluando lo que está sucediendo y pasará con este diccionario apócrifo y pensando, además, en la trayectoria sinuosa y lacayuna que Domínguez Michael a seguido, me hace pensar que este ser carece de humildad, compañerismo, sobriedad de lector, cree que toda literatura debe actuar conforme a sus ideas, le encantan las juntas cerradas, es intolerante, es el criticón o chismoso, el señor componetodo, el que pide que cambien los demás pero no él, el prefecto jactancioso, está lleno de peros, el recetador de pastillas, selectivo, fulano celoso o viejo jerarca y pretende usurpar el papel de un poder superior.

Como mexicano, como autor del Fondo de Cultura Económica, como autor que ha recibido múltiples reconocimientos fuera de mi país y en él, le pido determinantemente que retire de la circulación el pseudodiccionario de Christopher Domínguez Michael pues, como lo menciona Mendiola en su artículo, este apostata libro puede llegar a servir de consulta distorsionada en universidades de otras partes del mundo y para el mismo lector mexicano, que tanto la S.E.P. como el mismo F.C.E. quieren sacar del lodazal de la ignorancia y el analfabetismo.

Ya él metió el gol. ¿Ahora se va a permitir usted el favor de la complicidad?

Agradeciendo su atención.

Guillermo Samperio

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Víctor Manuel Mendiola sobre el diccionario de Domínguez Michael

Sobre el pseudo-diccionario que redactó el enanito (por mezquino) bufón de la corte panista Christopher Domínguez Michael...

* * *

Ni diccionario ni crítico el recuento de la literatura mexicana del FCE
Víctor Manuel Mendiola

La moral, en el sentido profundo de la palabra, interviene más de lo que se piensa en la creación artística
Octavio Paz, Puertas al campo

El título de Diccionario crítico de la literatura mexicana 1955 - 2005 falla al designar la arbitraria selección de notas que Christopher Domínguez Michael ha agrupado en su nuevo libro. Las omisiones y desmesuras de la obra no sólo cuestionan al pretendido diccionarista sino también a la importante casa que lo editó.

Si leyéramos el último libro Christopher Domínguez como una reedición de muchos de los textos que ha publicado acerca de la literatura mexicana, podríamos pensar que con la nueva reunión el autor nos ofrece un panorama más armonioso de cierta parcela de sus lecturas. El reagrupamiento tendría cierto sentido y le concederíamos validez pero sin darle demasiada importancia, ya que de hecho no representaría una novedad. Veríamos en la recomposición de los textos una oportunidad editorial del autor para recircular su obra. Legítimo y explicable.

No es así. El reagrupamiento de las notas posee un valor que no se puede soslayar, tanto por el título como por la naturaleza del editor que lo publica. Diccionario crítico de la literatura mexicana 1955 - 2005 (FCE, 2007, México, 588 p.) es una publicación complaciente y plena de pretensiones que no responde a lo que debiéramos esperar de un libro con ese título comprometedor. En primer lugar, no es, a pesar del orden alfabético, un diccionario. Es más bien una selección personal en la cual no es posible entender racionalmente por qué están unos autores y faltan otros. El uso de la palabra diccionario en una casa editorial con la autoridad del Fondo de Cultura Económica y en el formato de diseño de la colección de los grandes diccionarios, debiera obligar a quien echase mano de ese vocablo, diccionario, y de ese epíteto, crítico, a cubrirlos requisitos mínimos y aceptables del rigor, tales como un universo completo preciso y coherente, textos proporcionados a la importancia de los escritores, inclusión de las aclaraciones pertinentes y una visión objetiva, evitando prejuicios y favoritismos. Si un estudioso hace un diccionario de botánica, no solo escoge las plantas representativas de su invernadero, si no las que están en los demás jardines. Esto es todavía más necesario cuando una obra se anuncia en portada no como una lista casual sino como la recopilación ordenada de un espacio temporal tan reciente y, por eso mismo, problemático. Si Domínguez dijera “Mi diccionario” o mejor aún —mucho menos fatuo— “Mi selección”, de acuerdo a la fórmula que es la manera honorable, o “Diccionario de autor” como señala a hurtadillas en el prólogo, y si el FCE hubiera publicado esta obra con un título más subjetivo, en concordancia con la índole del texto, y bajo el formato de une de tantos volúmenes de crítica, podríamos aceptarla o ponerle reparos, pero no tendría implicaciones editoriales graves. Sería uno de tantos libros y el lector se acercaría a él sin prejuicios, de la misma forma que hacemos cuando consultamos las revisiones alfabéticas o no alfabéticas de Emmanuel Carballo, Adolfo Castañón o Alejandro Toledo y tantos otros. Pero al ser publicado con ese nombre ostentoso y con el anuncio del rasero “crítico” se da una valoración errónea de la literatura mexicana; se mal orienta y, peor aún, se le toma el pelo al lector. El título ostentoso no se corresponde con la selección limitada ni con muchos de los textos arbitrarios y vagos, insuficientemente procesados para un compendio de tal envergadura. Aunque Domínguez ha sido muchas veces un analista constante de la narrativa hispanoamericana es incomprensible por qué el FCE aceptó publicar este refrito de notas.

En segundo lugar está la aritmética. Cuando el lector se percata de que Rubén Bonifaz Ñuño y Jaime Sabines tienen, el primero, una página y, el segundo, apenas un poco más de media, mientras que Enrique Krauze cuenta con diez y la mayor parte de Ios compañeros, amigos y directores o guías de Domínguez se llevan generosas revisiones, uno advierte que algo está torcido. Sí, definitivamente, como diría el príncipe: “Algo está podrido en Dinamarca, A esta compilación le falta lo que tiene la crítica real: decisión para separarse de los compromisos personales y de los afectos, falta de independencia para caminar con opiniones propias. Me pregunto qué pensarán el Sistema Nacional de Creadores del Conaculta y la Fundación Guggenheim, que apoyaron el proyecto de una publicación no sólo tan precaria y carente de profesionalismo, sino tramposa.

Por otro lado, cómo es posible que en un diccionario “crítico” de la literatura mexicana no estén José María Pérez Gay (autor de ensayos tan originales en El imperio perdido); Guillermo Samperio (narrador de cuentos imaginativos que nada tiene que ver con la prosa vacía y seudosexual que pulula aquí y allá); Elena Poniatowska (inolvidable, en primer lugar por La noche de Tlatelolco); Marco Antonio Campos (poeta que lleva la poesía confesional al expresionismo); Ángeles Mastretta (hábil narradora que los lectores siguen como a pocos escritores); Efraín Bartolomé (heredero de la voz selvática de Pellicer); Julieta Campos (fina y compleja narradora en Muerte por agua); Ignacio Padilla (de lectura obligada por Amphitryon); Sabina Berman (creadora de un teatro al margen de los clichés locales); Evodio Escalante (acaso el mejor ensayista de su generación y citado varias veces en el diccionario por sus pertinentes y agudos señalamientos pero eludido en el índice y aludido con el nombre despectivo de profesor Escalante); Eraclio Zepeda (cuentista poderoso donde se dan cita al mismo tiempo el siglo XVI y la modernidad); Federico Campbell (prosista de la ineludible novela Pretexta); Luis Miguel Aguilar (autor del libro de poemas Chetumal Bay Anthology que para los que sí saben de poesía es imprescindible); o, ya que Domínguez incluyó historiadores, cómo es posible que haya pasado por alto a Miguel León Portilla (figura fundamental sobra decirlo para comprender en el mundo moderno a los antiguos mexicanos y su literatura); a Luis González y González (creador de ensayos esenciales de microhistoria); y a Guillermo Tovar y de Teresa (La ciudad de los palacios es una referencia). En este mismo plano, si están elegidos varios escritores de origen extranjero, ¿Por qué la ausencia de Juan Gelman ¿Tal vez Domínguez agotó la cuota permitida de izquierda? La obra de todos estos autores nos puede gustar o no pero en un diccionario crítico deben estar ellos y otros más que no he mencionado aunque nada más fuera para establecer la amplitud necesaria y darle al compendio un equilibrio objetivo. Nuestra decepción crece aún más cuando advertimos que mientras Jaime Sabines, es en el tratamiento de Domínguez, un poeta priísta de clases medias, Enrique Krauze, con sus textos históricos de difusión, es un gran literato y casi un héroe de la protesta de la nacionalización de la banca. En suma tanto en las valoraciones cuantitativas como cualitativas del “diccionario” todo está al revés. Al poeta se le juzga con martillo por sus posturas políticas y al articulista de ensayos políticos e históricos se le pone entre almohadillas por una supuesta voluntad de estilo. Todos sabemos que la aceptación amplia y profunda de la obra de Sabines es entre otras muchas cosas un “misterio” y una chocantería del gusto popular y todos sabemos asimismo que Krauze ha realizado un valioso esfuerzo en la difusión de la historia mexicana —curiosamente también entre un público masivo nada más que éste se encuentra en la TV.

Pero a ninguno de los dos los hace mejores o peores desde el punto de vista del rigor, contar con un público numeroso y clasemediero, de izquierda o mojigato. Lo que interesa es su contribución efectiva a la literatura. Y en ese sentido Sabines es un gran poeta —modificó el lenguaje de la poesía hispanoamericana y con él nuestra manera de usar las palabras— y Krauze un difusor apasionado de la historia de México —ha ayudado a que un público común y corriente piense en una parte de los momentos esenciales de nuestra historia moderna ¿A quién le correspondería una revisión más concienzuda? Es candorosa y relamida la manera como se agrega al poeta y critico José María Espinasa. De forma engolada Domínguez confiesa: “… al catálogo de sus recomendaciones, en poesía y en prosa, debo muchos de mis libros electivos…”. ¿Lo incluyó porque le sugiere lecturas? Flaco favor le hizo a nuestro amigo.

Quizá otro de los problemas de este diccionario es la pretensión de Domínguez de abarcar lo que no comprende: la lírica. Él mismo ha dicho que no entiende la poesía. Si es así, ¿por qué su obstinación en dar opiniones que revelan falta de inteligencia en el entendimiento de los problemas fundamentales de la poesía contemporánea? Esta insistencia muestra a Domínguez, una y otra vez, tan insensible como carente de gusto. Bastaría con revisar sus acercamientos al poeta Eduardo Lizalde para damos cuenta que no atina en la localización de los poemas esenciales del autor de El Tigre en la casa. Bastaría también con observar algunos de los nuevos poetas seleccionados para comprobar que son los más confusos y epigonales de la poesía mexicana reciente. Si Domínguez cree que el lenguaje sinuoso e impreciso de Vicente de Aguinaga —de quien habla con el batiburrillo característico de Eduardo Milán: “planeta de paisajes casi inmóviles cuyo tiempo puede estar antes o después” y el de Julián Herbert —a quien trata de explicar en una frase cacofónica: “… un libro de poemas que llama la atención por la forma en que Herbert erra…” —representan lo mejor de nueva poesía está equivocado. El diccionarista deja de lado a los nuevos que merecen interés: Samuel Noyola, Juan Carlos Bautista, Pedro Guzmán, Luis Felipe Fabre y José Eugenio Sánchez.

Pero no son los disparos a tontas y locas de Domínguez lo que resulta verdaderamente preocupante, sino que el FCE en una publicación de esta clase, haya tirado por la borda la solidez editorial y haya minusvaluado a un gran número de escritores que son, en muchos casos sus propios autores. Esta casa editorial ¿va a abandonar el cuidado de la edición que mantuvo —más o menos— en los años anteriores por complacer a un grupo quién sabe por qué motivos? ¿Este es el diccionario critico que mostrará a la literatura mexicana en el extranjero? ¿Ésta es la pluralidad que debe tener la editorial de todos los escritores mexicanos de valor indiscutible? ¿Ésta es la novedad que la dirección del FCE nos tiene reservada para su segunda larga administración?

* * *

Fuente: Suplemento "Confabulario", de El Universal, sábado, 12 de enero de 2008.

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

lunes, 17 de diciembre de 2007

Que no todos los artistas merecen ser becarios (nada más los cuates de Jorge Volpi)

Échense este trompo a la uña... Artículo de la revista Contralínea...
http://www.contralinea.com.mx
http://www.contralinea.com.mx/archivo/2007/septiembre2/htm/Corrupcion_Becas.htm

* * *

2a quincena Septiembre 2007

Opacidad y corrupción en la asignación de becas
Durante el gobierno de Vicente Fox, el Fonca benefició con más de 400 millones de pesos a 444 creadores. En esa lista aparecen funcionarios, familiares y “colegas” que mantienen becas vitalicias del gobierno federal. En el primer año de la administración panista de Felipe Calderón, la tendencia a beneficiar a unos cuantos prevalece, mientras que el Conaculta reserva su información hasta 2016

Alba Martínez

En el sexenio pasado, cuando Vicente Fox ocupó la Presidencia de la República y puso a Sari Bermúdez al frente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), se duplicaron a 414 millones 668 mil pesos los estímulos económicos para miembros del Sistema Nacional de Creadores Artísticos (SNCA); sin embargo, el número de beneficiados se mantuvo con relación a la administración de Ernesto Zedillo.

Dicho apoyo económico, para un grupo de 444 creadores, significó el 48.14 por ciento de todo el presupuesto asignado al Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca).

A 19 años de constituido, el SNCA es cuestionado por sectores artísticos que ponen en duda la calidad de proyectos y trayectorias de los artistas beneficiados con becas y estímulos económicos. Desde 2002, postulantes excluidos argumentan lo que consideran notorios favoritismos, carencia de criterio, corrupción, nepotismo y amiguismo. Ahora, en 2007, este polémico sistema asignó estímulos. Los dictámenes no son claros y los beneficiados son pocos.

En los primeros meses de este año y con los resultados de una nueva selección, los cuestionamientos apuntan a los jueces responsables de distribuir las becas y modificar las reglas de operación del sistema para beneficio personal.

Al respecto, el Fonca niega información amparándose en la reserva que Conaculta estipuló en mayo de 2004 a los dictámenes de comisiones por ser “parte de procesos deliberativos de servidores públicos”.

De las 2 mil 340 solicitudes que el Fonca recibió para el SNCA en el sexenio pasado, se renovaron 186 becas, se otorgaron 352 nuevos estímulos y se sumaron 15 eméritos. El número real de beneficiados fue de 444 personas, cifra que representa el 18.9 por ciento de las solicitudes.

Para 2006, la décima generación de creadores artísticos tuvo 79 integrantes; éstos, sumados a los beneficiados de las dos generaciones anteriores, representan un total de 345 becas y 80 millones 160 mil pesos. El recurso asignado al SNCA para el primer semestre del ejercicio 2007, es de 47 millones 409 mil pesos.

En seis años, todos los integrantes del SNCA –creadores becados, comisiones de selección y consejos directivos– obtuvieron el estímulo cuando menos una vez. De ellos, al menos 110 personas aún permanecen en cargos de dirección o de selección.

“El ejemplo más claro es que los jurados del SNCA continúan, al año siguiente, como becados”, comenta indignado Eduardo Ruiz Saviñón, director de teatro y, hasta 2006, 10 veces consecutivas candidato a recibir el estímulo del SNCA.

Ruiz Saviñón identifica a quienes como miembros del SNCA no cumplen con los requisitos, aunque no pone en duda la calidad de su obra; considera que él no es beneficiado porque, mientras continúen los mismos miembros, ni las comisiones de selección de su disciplina –teatro– ni de los consejos directivos “reconocerán la calidad de obras presentadas, porque no son de su gusto; es más, ni las leerán”, ironiza.

Como “experto” de los procesos de selección, Ruiz Saviñón habla de la anterior administración del Fondo –la de Mario Espinosa Ricalde, exsecretario técnico del Fonca, “quien en alguna ocasión también cobraba la beca mientras era funcionario”–, y reconoce que llegó a considerar que Espinosa se ocuparía de distribuir de manera equitativa las becas y mejorar los procesos de selección del sistema; sin embargo, su percepción cambió. “Creí que él estaba muy atento a las críticas y a las modificaciones de reglas de operación para hacerlas justas y no para beneficiar a una mafia o formalizar toda la corrupción presente en el proceso, ellos sólo pretenden perpetuarse”.

De reportes oficiales, actas de selección –obtenidas por Contralínea, a través de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública– y de la publicación conmemorativa Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, 18 años de inversión en el patrimonio vivo de México (Conaculta, 2006), se desprende información y cifras que revelan la opacidad con la que el SNCA operó en el sexenio anterior y hasta el primer año del presente periodo de gobierno.

La Comisión Intersecretarial para la Transparencia y el Combate a la Corrupción de Conaculta evaluó la operación y eficacia del sistema en 2005. Los resultados demostraron que del ciento por ciento de estímulos otorgados, el cumplimiento general del proceso fue del 85 por ciento de satisfacción, menos del factor mínimo que se pretendía para ese año (el 93 por ciento).

La Comisión consideró los índices de percepción que la ciudadanía tenía respecto a los productos culturales generados y dados a conocer; la percepción favorable de candidatos respecto a la transparencia en el proceso de selección; el otorgamiento de los estímulos; y el porcentaje de creadores que cumplen con los compromisos establecidos en el proyecto de creación.

Ante insatisfactorios resultados, Mario Espinosa convino algunas acciones específicas con la Comisión. Entre las más importantes destaca la de integrar un jurado con cinco personas de diferentes generaciones y de diversos estados del país que ocupen el cargo únicamente dos años. Ellos, al firmar la carta compromiso –declaración de vínculo, laboral o familiar–, debían actuar con honradez, integridad e imparcialidad para cumplir con el Código de Ética creado en 2004 y para regir las decisiones de las comisiones de selección, con la aclaratoria de exclusión de la votación de quienes reconocieran vínculos con postulantes. Lo anterior no se cumplió.

En 2004, los jurados reconocieron tener vínculo personal con los postulantes y no se abstuvieron de votar. José Luis García Agraz, de la Comisión de Selección de Medios Audiovisuales, reconoció tener un vínculo familiar con un postulado. Como miembro del Consejo Directivo y Comisión de Selección votó a favor de su hermano, Carlos García Agraz, quien a la fecha recibe el estímulo.

En el Resumen de Presupuesto de Egresos autorizado para 2006, Conaculta examina el número de becas, estímulos o apoyos a la creación artística y reporta que las metas alcanzadas del SNCA fueron de 62 creadores eméritos beneficiados (22 mil 740 pesos mensuales) y 346 creadores artísticos (17 mil pesos mensuales); de éstos, al menos 12 familiares de los miembros del jurado percibían la beca. Destacan los hermanos Figueroa Flores, Hiriart Urdavinia, Nuñez Guerra, Pérez Rulfo, Rocha Iturbide y García Correa.

Insatisfacción vigente

En la última convocatoria del SNCA, la selección y dictámenes estuvieron a cargo del ahora exsecretario ejecutivo del Fonca -–antes exsecretario técnico de Sari Bermúdez–, Raúl Zorrilla Arredondo, quien en julio de este año dejó el cargo para ocupar la dirección del Instituto de México en Nueva York. Con apenas un año de administración, Zorrilla Arredondo deja resultados insatisfactorios.

Inconformes, artistas excluidos esperaban que la primera asignación de estímulos con Sergio Vela en la presidencia de Conaculta resultara justa y equitativa. Empero, la lista publicada con los integrantes de la generación 2006 demuestra las continuidades con la administración de Sari Bermúdez y la política cultural del sexenio foxista: irregularidades, favoritismos, manipulación y omisión en las Reglas y el Código de Ética.

Óscar Blancarte, escritor, guionista y director de cine, participa desde hace 10 años en la convocatoria sin conseguir un estímulo, pese a que –dice– cumple con toda la trayectoria, experiencia y calidad de obra que exigen las Reglas de Operación. Él atribuye este hecho a la falta de respeto al reglamento y a que no se dan a conocer los verdaderos criterios con los que califican y seleccionan. “Hay postulantes de cine que no han realizado ni una película y no tienen trayectoria, pero obtienen la beca”, agrega.

No todos los artistas merecen ser becarios: Zorrilla

En entrevista realizada días antes de su dimisión en el Fonca, el ahora exsecretario ejecutivo del SNCA, Raúl Zorrilla Arredondo, justificó que éste no era un programa de subsidio permanente sino un mecanismo de financiamiento específico para que “los creadores se dediquen de tiempo completo al proyecto para el que les fue otorgada la beca”. Sin embargo, esto no es así; connotados creadores tienen más vida pública que creativa.

Al ser cuestionado respecto a la eficacia del Sistema, el extitular dijo que reconoce que el Sistema es suficiente “es algo muy arriesgado”. “Yo podría decir que es suficiente, pero el hecho de que 500 soliciten la beca no significa que esos mismos 500 la merezcan. Los estímulos son para aquellos que tengan talento y puedan crear obras sin dedicar su tiempo a realizar otras actividades para mantenerse. Eso hace que el país posea más capital espiritual”.

Con relación a la selección, Raúl Zorrilla afirmó que las sesiones de selección se realizaron con una comisión mínima de tres personas, “la mitad más uno del máximo que es de cinco jurados”. No obstante, en las sesiones de las comisiones de selección son notorias las irregularidades.

La Comisión de Selección de Arquitectura estuvo conformada sólo por dos jurados, porque el tercero, José Juan Francisco Serrano y Cacho se excusó de la votación. Los jurados, Aurelio Nuño y Bernardo Gómez-Pimienta, otorgaron su voto a favor de Alejandro de Jesús. Pero Gómez-Pimienta, vocal de la selección ante el Consejo de Dirección, faltó al Código de Ética al manifestar –en su declaración de vínculos– que reconocía tener relación laboral con el único seleccionado.

Los exintegrantes de la Comisión de Selección de Letras de la convocatoria 2005, Christopher Domínguez y David Huerta, resultaron seleccionados a un año de haber votado en la misma disciplina. Ahora, en 2006, el comisionado Álvaro Enrigue declaró su amistad con el postulante Domínguez y no se abstuvo de votar.

Lo mismo sucedió en la Comisión de Selección de Coreografía, donde dos jurados, Evóe Sotelo y Laura Rocha, firmaron declaración de vínculo por participación en los montajes del postulante, Oscar Ruvalcaba.

En la Comisión de Medios Audiovisuales la situación no es clara. Uno de los seis jurados firmó el acta en otra fecha a la realización de la selección. En situación semejante está la Comisión de Artes Visuales. Jordi Boldo, que excusó su participación en la selección pero firmó en la misma fecha en la que los otros jurados realizaron la votación.

Respecto a la selección de Creadores Eméritos, Víctor Hugo Rascón Banda, director de la Sociedad de Escritores Mexicanos, en varias ocasiones miembro del consejo directivo del SNCA y actual emérito, dice que la problemática va más allá: “al creador le afecta la situación económica del país y el SNCA no es una solución, sólo es un estímulo a ciertos artistas. Hay 60 apoyos vitalicios, pero para que una persona pueda ser seleccionada necesita morirse alguien, no hay vacantes”.

Objetivos incumplidos

Con el decreto presidencial de institución del Conaculta y, meses después, del Fonca, en 1989, Carlos Salinas de Gortari pretendió conformar un plan de trabajo en respuesta a la necesidad y exigencia de una política de Estado y de cultura. El Fondo fue creado y financiado como alternativa de desarrollo del arte nacional, para beneficio patrimonial y artístico del país. Las Reglas de Operación señalan que “sus recursos provienen de los impuestos que pagan los contribuyentes”.

De las 4 mil 989 solicitudes hechas entre 1989 y 2006, el SNCA otorgó 823 estímulos (635 millones 349 mil pesos); de éstos, 343 fueron nuevas becas (281 millones 387 mil pesos); 495 creadores solicitaron la renovación y a 480 les fue concedida (205 millones 355 mil pesos); y de 205 solicitudes para creadores eméritos, 91 fueron beneficiados (148 millones 607 mil pesos). Así, el Fonca declara el beneficio del 16.5 por ciento del total de las solicitudes.

“La cultura en manos de todos”, dice Sari Bermúdez en la publicación emitida en conmemoración del Fondo. Bermúdez también expone el criterio que ella, como funcionaria de Conaculta, consideró relevante para la asignación de los recursos otorgados durante su administración; aclara que los estímulos son otorgados “de acuerdo con las decisiones de jurados integrados por miembros respetados de la sociedad, creadores especializados en las diferentes disciplinas artísticas, y no por funcionarios públicos”.

Sin embargo, información y datos recabados de diversas fuentes –incluido personal y medios de difusión de Conaculta– contradicen la afirmación de la exfuncionaria: Roxana Elvridge recibió el estímulo económico, al tiempo era subdirectora de Desarrollo Cultural de Jóvenes y Asuntos de Género de la Dirección de Vinculación Cultural de Conaculta en los estados.

Entre los nombres de creadores que debieron renunciar a los estímulos por cargos públicos en la administración de Sari Bermúdez y de Sergio Vela están: Ignacio Padilla, exdirector de la Megabiblioteca José Vasconcelos; Enzi Verduchi, subdirectora de la misma biblioteca; Jorge Volpi, director de Canal 22 y beneficiario de los recursos del Fonca para estudios en el extranjero dos años antes de su selección; Marina Stavenhagen, directora del Instituto Mexicano de Cinematografía, y Vicente Herrasti, director general de Publicaciones de Conaculta.

Ignacio Padilla y Jorge Volpi, beneficiarios

En el periodo de Sari Bermúdez, a 444 creadores (el 3.9 por ciento respecto al total de solicitudes de ese mismo periodo) les fueron otorgados estímulos mensuales (15 salarios mínimos por tres años a creadores y 20 salarios mínimos, vitalicios, a eméritos). Entre ellos se encuentran creadores que tenían cargos directivos en Conaculta o en empresas privadas, miembros de consejos directivos, integrantes de comisiones de selección, incluso, quienes por incurrir en omisiones o declarar vínculos familiares, personales o laborales, no debieron ser seleccionados.

A la fecha de cierre de esta publicación, la secretaria técnica del Fonca, Martha Cruz, no dio respuesta a las interrogantes que le fueron enviadas por correo.

Para muestra, teatro

En la convocatoria 2003, Luis de Tavira, director general de la asociación civil Casa del Teatro y director del Centro Dramático de Michoacán (Cedram), resultó seleccionado con el estímulo económico a creadores, recurso que percibió de 2004 a 2006. Sus compañías también recibieron fondos del programa de Coinversiones del Fonca. Alejandro Luna era miembro de la comisión de selección de teatro y asentó por el estímulo. Desde antes, ellos compartían proyectos. En dicha convocatoria también resultó becada Tolita Figueroa, pareja sentimental del mismo comisionado.

A finales de 2005, en una entrevista publicada en el diario Noticias, voz e imagen de Oaxaca, Philippe Amand expresó su preocupación por el espacio escénico y la difusión del mismo. El escenógrafo se encontraba recorriendo diversas poblaciones de Michoacán con el teatro itinerante que él mismo diseñó y que era un proyecto original de Luis de Tavira. En ese entonces, Tavira era director, funcionario, promotor del programa Conaculta en los estados y miembro del SNCA. Dos años después, en 2005, fue nombrado creador emérito con estímulo vitalicio del Fonca. En la última convocatoria del Sistema, ambos coinciden en la misma comisión de selección de teatro y otorgan estímulos a los postulantes de su preferencia.

En esta última convocatoria, Philippe Amand manifestó en su declaración de vínculo mantener relación laboral, íntima, académica y de parentesco en primer grado con Raúl Quintanilla. Pero el comisionado no se abstuvo de votar por el postulante que resultó beneficiado.

Raúl Quintanilla, exdirector del Centro Universitario de Teatro y miembro en dos ocasiones del SNCA, es en la actualidad director del Centro de Formación Actoral de TV Azteca y profesor en La casa de teatro de José Caballero Betanzo, exdirector de la Compañía Nacional de Teatro. Ambos directores fueron beneficiados en la última convocatoria del SNCA.

Otro caso es el de Víctor Zapatero, iluminador que también resultó seleccionado a partir de este año, en la que se encontraba Philippe Amand, compañero de trabajo de la puesta en escena Electra o La caída de las máscaras.

Cutberto López, comisionado de selección, también reconoció en su Declaración de Vínculo tener relación laboral con Antonio Castro que, a pesar de no resultar beneficiado, es director de una de las obras de teatro en la que Cutberto realiza la escenografía.

El director de teatro Eduardo Ruiz Saviñón comenta que, al conocer las irregularidades con las que se selecciona a los becados, no le queda más que continuar insistiendo en la necesidad de reformar el SNCA. “El Sistema funciona como las elecciones en Oaxaca –ironiza–, los artistas ni siquiera participan porque saben que no se les dará nada”. Agrega que entre la misma comunidad artística y de otras disciplinas se sabe que los estímulos son otorgados como pago de favores o “regalos” laborales, familiares o sentimentales. “Nos partieron la cara a los de teatro”, concluye.

Fecha de publicación: Septiembre 2a quincena de 2007 | Año 5 | No. 87

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,