miércoles, 13 de febrero de 2008

El escándalo que nunca vendrá

Lo que sigue es la respuesta que di a este e-mail enviado por Óscar Wong.

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Honorable maestro Wong, perdón pero ¡no me chingue! ¿Estoy comprendiendo bien? ¿Quiere usted decir que lo mejor que podemos hacer es quedarnos callados?

¡Pos si eso es lo que hacemos siempre, mi maestro!

Su recomendación me recuerda al inmortal Fidel Velázquez, "no hagan olas, que después no salimos en la foto". No falta el malora que a eso le llame cobardía, pero yo le digo que no es cobardía, que es sabiduría ancestral del Lejano Oriente.

Por eso en México estamos como estamos, maestro; por gente como usted y como yo. Todos sabemos dónde venden las drogas, dónde se cometen los crímenes (y quiénes y con ayuda de quién los cometen), pero ¿movemos un dedo? Desde luego que no. Ahora bien: seguro en nuestra república se cometen todos los días delitos mucho más graves que las pinches premiaciones (que comoquiera configuran un delito, así sea menor: el delito de fraude); por eso Raquel Huerta-Nava y otras personas dicen: "no es para tanto" ("es inclusive", escribe Jeremías Marquines, citando a Capulina y dificultando la lectura de su artículo a quienes no sean admiradores de don Gaspar Henaine). Bien; si no es para tanto ("es inclusive"), ¿porqué no mejor acabamos de una buena vez con estos fraudes? Los premios y también las becas. Serviría para ahorrarle algunos pesitos al erario.

Usted y yo podemos tener la vida más o menos resuelta, maestro, pero imagine que le decimos a un campesino, a un obrero, a un pequeño empresario: "oye, de tus impuestos vamos a separar lo suficiente para darle cada mes, a lo largo de tres años, 23.000 pesos a José Eugenio Sánchez para que se los chingue en cocaína y pisto y nos entregue a cambio unos cuantos plagios de Charles Bukowski". ¿Usted cree que si fuéramos democráticos y le preguntáramos a la gente si está de acuerdo en seguir entregando becas a zánganos como el mentado Sánchez, no nos mandarían buenamente a la chingada (el mismo lugar al que, en un arranque de sinceridad, confesó haber mandado Elena Jordana a la poesía)? ¡Medítelo a la sombra del árbol bodhi, mi maestro (zen)!

Lo bueno para Sánchez es que ni los campesinos ni los obreros saben que tales becas existen.

Y luego los economistas se preguntan por qué es tan grande la evasión de impuestos en México. Seguro la gente reflexiona en su soledad: "¿Pagar impuestos yo? ¿Para que luego me salgan con estas CHINGADERAS?"

Escándalo por el Aguascalientes no ha habido ninguno. Ni lo habrá. Un par de periodistas de Acapulco y de Monterrey nos recuerdan que la literatura mexicana es mediocre, tres o cuatro chanchos metidos en la burocracia cultural leen los artículos; y la respuesta al tímido "periodicazo" es el encogimiento de hombros general. Los jurados y los periodistas se sienten con la conciencia más limpia que nunca, Mario Bojórquez vuelve a enfundar su pistola, Héctor Carreto pide le sirvan las del estribo y Eduardo "El Panzas" Langagne se chinga a la salud de los usuarios de Telmex nomás otra orden de tamales y medio pollo (porque está a dieta).

¿Cómo es que nunca le pidió periodista alguno, al patán de Bojórquez, una explicación después que fue premiado por el mismo sujeto que firma sus cheques cada mes (o cada que Bojórquez imparte clases)?

¿Por qué nadie le hecho preguntas de verdad sabrosas a Alí Calderón, gran amigo de Bojórquez, a cuya decisión debe Alí el premio Benemérito de las Américas 2007? Y ya puestos con Alí, ¿no es medio sospechoso que su profesor en la Sogem le haya otorgado el premio López Velarde 2004?

¿O cómo ven el caso de Jair Cortés, quien ganó un concurso, que supuestamente era para libros inéditos, con un poemario del que hacía años podían leerse fragmentos en el website de "La Jornada"?

¡Hasta a los políticos les hacen entrevistas más peliagudas! Los "artistas", al parecer, son intocables para los periodistas.

Yo he visto, con estos ojos que se han de comer los gusanos, a Jeremías Marquines bien sonriente junto a Jair, Alí y Mario. Si no aprovechó para cuestionarlos como debía, será porque se beneficia de la misma corrupción que ellos. Pero eso sí: muy chingón para tirarle cagada a David Huerta. Y no que David Huerta no se la merezca, pero ¿dónde quedó la calidad moral del tabasqueño?

Mencionamos atrás la buena conciencia de los jurados (conjurados, acertadamente los denomina usted, maestro Wong). Les paso un tip a los periodistas: busquen en su hemeroteca más cercana (suponiéndola bien provista) el número de la revista Vuelta donde haya aparecido la crítica que realizó Eduardo Milán sobre el libro de José Javier Villarreal "Mar del norte", ganador del premio Aguascalientes 1989 (el texto de Milán incluye fragmentos del poemario); estoy segura que, de haber contado en 1989 con un jurado tan severo como éste en el que ahora él se ha convertido, a Villarreal jamás le habrían regalado el Aguascalientes. Y no que me parezca desacertada la decisión de Villarreal en 2008; por el contrario, la aplaudo; pero con qué calidad moral le niega en su madurez a otros la oportunidad que a él sí le dieron cuando era joven.

Y hablando de calidad moral... lo curioso es que, aunque usted se queja (con razón) de las becas literarias, si hay alguien que puede hacer algo para que la situación cambie es precisamente usted, maestro Wong. Usted está en el mero centro del edificio burocrático cultural, cual niño Dios en medio de la rosca; ¿por qué no se avienta una denuncia padre en contra de los parásitos de la cultura, una denuncia más chingona que las escritas por los puñetas de Marquines, Aguilar y Alanís Pulido? Pero le estoy pidiendo peras al olmo: al rato lo invita "El Panzas" Langagne a dar algún cursito en la Fundación Slim, o Enzia Verduchi al Fonca, y ni quién se acuerde del coraje que traíamos en febrero de 2008... Además no vaya a ponerse pedo Bojórquez y nos suelte un balazo ái como no queriendo...

En resumen: no se mueven las hojas, el aire está muy quieto; el momento es propicio para escribir un haikú. Sabiduría zen. Usted gana.

Suya de usted,
Quijotita.

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domingo, 10 de febrero de 2008

A propósito del premio Aguascalientes

¡Por fin! Recibo correspondencia electrónica de un lector para este su blog "La caca de murciélago", que quisiera agarrar su segundo aire. El lector me manda un artículo aparecido en el periódico "Novedades" de Acapulco, Gro., a propósito del desmadre este que se traen con el Premio Aguascalientes, que fue declarado desierto ahora en 2008, en un intento de "lavarle la carita con agua y con jabón" al mentado Premio, después de las transas de Mario Bojórquez en 2007 y de Dana Gelinas en 2006.

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La fragilidad crítica de la poesía en México
A propósito del premio Aguascalientes

Jeremías Marquines
Columna Apuntes de un viejo lépero
Periódico Novedades

Jorge Cuesta decía que, lo que se ha dado en llamar poesía mexicana "no han sido más que buenas aplicaciones de literaturas extranjeras". Es más, afirma, "no es de extrañarse que en ningún mexicanismo de la literatura mexicana sea imposible encontrar la menor originalidad". Por supuesto, cuando hace esta afirmación hay que tomar en cuenta el contexto, ¿pero acaso hoy puede afirmarse lo contrario?

Declarar desierto el premio Aguascalientes es un acierto: motiva la reflexión y exhibe la fragilidad crítica de la poesía en México. Muestra también, la hipocresía de los poetas mexicanos y expone su conservadurismo positivista.

Hay en esta decisión, como en cualquier otra, sus aristas y sus bordes. Ambos aspectos nos dan la oportunidad de compartir nuestro cinismo y de salpicar a otros con nuestra hipocresía. Por un lado, están los que ven mal y hasta consideran una ofensa declarar desierto el tal premio, otros lo consideramos inclusive; y otros que de plano lo celebran como si este simple acto, por sí mismo, tuviera el efecto de un curita contra la mediocridad poética vigente. Qué se le va hacer, así es este oficio de la cocina. Todos quieren comer pero nadie quiere lavar las ollas. Lo que hace más evidente la mezquindad de fondo.

Primero: ¿cómo sabemos que la poesía mexicana es tan mediocre, al grado que ninguno de los casi doscientos participantes se merecía el premio? ¿Cuándo y dónde se ha discutido al respecto, quién lo hizo, cómo lo hizo? ¿Cuáles son los argumentos para decidir qué es de calidad y qué de excelencia? ¿Quién lo dice y cómo lo dice? ¿Es ético que poetas valoren a otros poetas? ¿Quiénes hacen la crítica de la poesía en México? ¿Existe algo así como la crítica de la poesía mexicana?

La poesía mexicana, salvo contadas excepciones, es una poesía mediocre, no porque así se haya descubierto al declarar desierto dos veces el premio Aguascalientes; es mediocre porque es el resultado de antiguas y mezquinas disputas comenzadas por los patriarcas de la poesía nacional; es mediocre porque ha tenido siempre una valoración hipócrita; es decir: ha sido calificada por una crítica de los intereses donde privan los ajustes de cuentas, pa que aprendan a respetar, que lo mismo eleva al cielo al amigo mediocre que condena al desconocido provinciano con posibilidades creativas. Y es aún, más mediocre, porque se hace grilla con la poesía. El oficio se ha convertido en un medio burocrático más que en un medio del alma, si es que algo como eso existe.

En su balance de la literatura mexicana de 1942 publicado en el número 2 de Letras de México, José Luis Martínez escribió: "Alberto Quintero Álvarez, de la misma promoción que Octavio Paz, publicó una recopilación titulada Nuevos Cantares y Otros Poemas. Al lado de acentos de la más delicada calidad lírica, ciertas preocupaciones y tendencias ajenas a su tono, impedían que su libro conservara alguna visible unidad. Pero si algunas de sus composiciones se desvirtúan a causa de sus experiencias fallidas, otras mostraban una pureza poética incomparable marcando la línea más noble del poeta". ¿Y entonces qué pasó con esta 'pureza poética' que elogiaba el crítico? ¿Quién se acuerda hoy del tal Quintero? Acaso no pasa hoy así con mucho de lo que se presenta como obras de calidad, como 'obras que van a cambiar el rostro de la poesía
en México'.

En este balance Martínez también se refiere a un cuaderno de Manuel Calvillo. titulado coincidentemente: "Estancia en la voz", muy parecido el título El cardo en la voz de Jorge Esquinca, uno de los actuales jurados del tal Aguascalientes. Ya lo decía Cuesta: "en literatura mexicana es imposible encontrar la menor originalidad".

José Attolini fue un poeta de poca monta, hoy nadie se acuerda de él, pero en el 43 era un escritor muy activo con ramificaciones y contactos en la oligarquía poética nacional, a la que hoy algunos ilusos llaman tradición. De esta 'tradición' procede la mayoría de los comentarios impresionistas que en las revistas y presentaciones de libros pasan hoy día por profundidades críticas. Veamos un ejemplo de este cliché de sorprendente actualidad: "Todo poeta vive en deuda con la poesía mientras no rescata al mundo de su pavorosa medida cotidiana y lo entrega acabado de estrenar (...) pero en este mundo de cenizas todavía candentes, el poeta no sólo es creador por antonomasia, sino solitario por excelencia, y no puede ser de otro modo, ya que para toda obra de creación hay que empezar por las entrañas, allí donde las palabras no son sino semillas".

Ahora leamos un comentario más actual, y comparemos el impresionismo cursi de Attolini en el 43, con el que hace David Huerta al referirse a la obra de Julián Herbert en la antología El Manantial Latente: "Las palabras salen, brillando, como bañadas por una luz quemante, del propio corazón, de la soledad de la mente. Todo esto sucede en un espacie de trayecto o de trance (...) Las palabras van a depositarse una a una sobre las páginas, sobre las cuartillas: un poema, dos, quince poemas... Los poemas forman una casa, un libro, y ya poseen el nombre que les faltaba: El nombre de esta casa". ¿Qué dijo Huerta?, nada, pero así de sencillo queda acreditada en México una escritura poética. Entonces ¿cómo no sufrir de mediocridad?

Ejemplos como el anterior abundan en cada comentario de libro, vamos a ver sólo uno más de la citada antología. León Plascencia Ñol, a propósito de algunos poemas de Rosalva García Coral dice: en su poesía "existe un pronunciamiento del silencio como armazón del mundo, como trazo del polvo que es el único signo de lo que quizás está aquí o vendrá con la palabra dicha o incomunicada". Sé que algo quiso decir el comentarista, sé que hay algo ahí, en el sótano de lo
dicho pero quién sabe qué rayos es. Sin embargo, es lo que tenemos y así miramos la obra de los otros. Entonces ¿cómo no sufrir de mediocridad?

Concluyo esta parte con la confesión de los elementos críticos de que dispuso Alberto Paredes para preparar su libro Nueve poetas mexicanos recientes (1966-2000): "'Me interesan obras dotadas ya de identidad perceptible, vigor e importancia expresiva, de nitidez en su propuesta, bajo una clara exigencia de calidad". El discurso parece bueno, ¿pero qué es la calidad en la poesía? ¿Qué cosa es eso de identidad perceptible? En fin, Paredes nos presenta como respuesta a este torpe pregunta la obra de Jaime Reyes, Ricardo Yáñez, José Luis Rivas, Amelia Vértiz, Elsa Cross, Coral Bracho, Carlos Isla, Francisco Hernández y David Huerta. Poetas, admirables algunos, y otros con una identidad perceptible, digamos imperceptible.

Yo podría estar en contra de la 'calidad formal' de cuatro de los ocho enlistados. Sin embargo, el hecho de que a mi no me guste cómo escriben, ni tenga coincidencia con lo que escriben, no les resta calidad en absoluto, ni 'vigor e importancia expresiva'. A pesar de la escasa 'calidad' de mi comprehensión sensorial, estos cuatro que no me agradan seguirán siendo lo que son, porque un parámetro industrialista como la calidad no es ningún determinante para decidir que sirve y que no en la poesía; por lo contrario, es la legitimidad y la perdurabilidad de la experiencia estética lo que cuenta. Algo por el estilo debió aplicarse a la hora de calificar el tal Aguascalientes y no la calidad de la formalidad perceptible y bla, bla, bla...

Sin embargo, no hay por qué alarmarse con que se declare desierto el Aguascalientes, no seamos
hipócritas; sabemos que la poesía mexicana es de una fragilidad crítica que asusta, salvo excepciones, ha crecido alimentada por la baba de la alcahuetería y la mezquindad, así que una sacudida de vez en cuando no está mal.

Coincido con Pedro Serrano de que al poeta Gerardo Deniz hay que proponerlo para que reciba el Premio Nacional de Ciencias y Artes, se lo tiene más que merecido; y en cuanto al monto del tan mentado premio, apoyo la propuesta de que se emplee para impulsar talleres de poesía en los estados más atrasados literariamente, comenzando por Guerrero.

Ya clarea estimables, zánganos; debiéramos cambiar de asunto, si el sol nos ha de aborrecer que sea por algo. Gracias, maestro Deniz.

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